jueves, 17 de mayo de 2007

EL PATITO DE GOMA

Que maravillosa sensación es tener un patito de goma en la bañera para chapotear y jugar con él. El mío era igual que todos los demás. Igual que esos miles que aparecieron un día en algunas playas. Dicen que provenían de un barco que se hundió, pero yo no creo que un barco con tantos patitos de goma a bordo pueda llegar a hundirse. Es imposible. Otros dicen que simplemente los perdió por el camino. Sin darse cuenta. Como si miles de patitos de goma pudieran caer al agua por casualidad y sin hacer ningún ruido.

Mi patito de goma flotaba en el agua sin ningún esfuerzo. Por eso era de goma. Si hubiera sido de otro material lo mismo no habría flotado de la misma manera. Aunque hay otros materiales susceptibles de flotar, la textura de la goma de estos patitos los hace especiales. Suaves y pulidos, parecen escapársete de las manos cuando intentas atraparlos en el medio jabonoso del baño. Son dóciles, pero independientes. Cariñosos y a la vez huidizos. Eso sí, unos más que otros.

Yo ya no tengo patito de goma. Se me escapó. Se me escapó de las manos. Huyó buscando su libertad sin pedirme permiso. Salió disparado por la ventana de mi cuarto de baño impulsado por el combustible de un gel superhidratante. Bajé corriendo a la calle a buscarlo seminidesnudo. Con la espuma todavía prendiendo de las intersecciones de mi cuerpo. Pero ya no pude encontrarlo. No dejó el mínimo rastro para que pudiera seguirle la pista. Desesperado tuve que abandonar su búsqueda ante la falta de indicios. Mucho he pensado en ello en estos últimos años y, al final, la única conclusión a la que he podido llegar es que se marchó para reunirse con sus congéneres en alguna playa olvidada. Ahora estoy seguro, estar encerrado en una casa de la gran ciudad no es el lugar adecuado para que viva un patito de goma.

miércoles, 16 de mayo de 2007

COLOR

El color es una impresión física. En nuestro idioma ya denota una cierta dependencia del rojo. Colorado es rojo o bermejo. Es el color que marca la diferencia con aquello que no lo tiene, con el blanco y el negro. El rojo es la pasión y la sangre. La calidez. La vida. Aunque también es lo diferente. De ahí algunos refranes que previenen contra los pelirrojos, que no son de fiar. Pero los colores son muchos más. Su percepción por la retina humana lo hace un campo universal, y para muchos prueba de la unidad psíquica de la humanidad. Otra cosa son sus asociaciones, denominaciones y usos. Usos, principalmente, simbólicos. Usos referenciales diversos para formas de ver el mundo diversas.
La diversidad de colores con que percibimos el mundo choca, muchas veces, con ciertas fuerzas que tienden a uniformarlo. A globalizarlo. Cargar de sentido los colores remite a la ortodoxia y a la imposición. Frente a esto, el colorido múltiple fue adoptado en occidente por la contracultura y por los hippies y, después, por ecologistas u homosexuales. El individualismo también se desentiende de un color concreto para proclamar su derecho a la diferencia, a no ser encasillado en ningún color. Frente a la dictadura del color, de un solo color, está la libertad de todos los colores.
El color marca diferencias, tendencias y perspectivas. Cada color puede servir para cualquier cosa. Pero no hay que olvidar que el color se halla siempre inscrito en un contexto. Un contexto de color. Descontextualizarlo y mezclarlo puede ser una buena opción. No tengo ninguna duda.