“Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny” es la ópera que puede verse estos días en el Matadero de Madrid. Es una obra de Bertolt Brecht con música de Kart Weill. Fantástica tanto la una como la otra. Obra total que diría Wagner. Trata, en líneas generales, del surgimiento de una ciudad en la América de los años veinte a partir de bases no muy productivas. Es un canto a la futilidad de una vida dónde el dinero es lo único que cuenta. Todo se compra y se vende. Nadie puede hacer nada por nadie, como se canta al final.
Uno de los problemas de acometer esta puesta en escena, como la de tantos otros de los llamados musicales, es la traducción. Se intenta poner en román paladino esas cosas que un alemán pensó en inglés. Y claro, chirría. Y sobre todo en las partes solistas o más descriptivas. Vamos, que no pega ni con cola. Los pobres cantantes tienen que intentar hacer encaje de bolillos para que aquello no suene a karaoke. Por algo no hemos visto todavía ninguna ópera seria traducida del italiano al español, inglés o serbocroata. Un par de canciones en el idioma original y, sobre todo, la parte coral salvan el asunto con meritoria holgura.
A estoy habría que añadir el haberse decantado por microfonar o amplificar electrónicamente toda la representación. Eso de no saber de dónde vienen las voces me parece que es uno los horrores más grandes que se puede uno encontrar en un teatro. En este caso es más hiriente todavía el encerrar a una orquesta de más de treinta músicos en una pecera de cristal (lo que visualmente queda muy bien) y tener que oír la música en directo por los altavoces (eso sí, de muy buena calidad). Soluciones todas estas que seguramente tienen que ver con el nuevo espacio elegido de las naves del matadero. Música, por otra parte, que simplemente me pareció estupenda y en profunda sincronía con la parte escénica.
La escenografía-vestuario-luces son magnificas. Un escenario longitudinal sobre una base rectangular hace que circulen con fluidez por el mismo más de 50 actores-cantantes. Por momentos se consigue una atmósfera realmente sugerente. Y todo apoyado en los típicos carteles brechtianos que ayudan a seguir la función y complementados con otros tecnológicamente más avanzados de videoproyección, así como por la voz profunda y penetrante, en off, de Santiago Ramos.
Se agradece, con algún pequeño pero, poder acceder a este tipo de obras que normalmente no están al alcance del público madrileño. De todas formas sugeriría al señor Mario Gas, que últimamente todo lo puede y abarca en el teatro madrileño, que intentara traer alguna opera de Brecht con las canciones originales.
El Matadero de Madrid quiere ser un nuevo espacio cultural multidisciplinar sufragado por el Ayuntamiento. Los antiguos terrenos y naves de los mataderos de carne se quieren reconvertir en el gran proyecto de un Madrid que no parece que brille por su iniciativa. Ya veremos, pero permitámonos como habitantes de esta ciudad dudar un tanto sobre el futuro de un lugar tan vasto como sugerente. Ojalá pueda convertirse en el espacio que Madrid necesita para los creadores jóvenes y nuevas tendencias/corrientes de una forma efectiva, y no acabe como un sarcófago más de eso que llamamos cultura.
lunes, 9 de julio de 2007
viernes, 6 de julio de 2007
¡QUE IGNORANCIA!
Aguas cristalinas. Prístinas. Color azul-turquesa. Arena dorada. Grano fino. Ausencia de tumbonas y chiringuitos. Treinta grados centígrados de temperatura. Cuerpos desnudos. Un paraíso. ¡Un momento! Algo pasa. Hay un grupo de gente al borde del mar. No sé lo que puede ocurrir. Me acerco despacio. Curioso. Y lo que descubro no me lo puedo creer. Esta gente está dando de comer pan a los peces con sus propias manos. Para ellos es algo muy divertido. Los habitantes del mar acuden a hacerles cosquillas en las manos para obtener fácilmente su sustento. Fundido en negro. Mismo lugar. Misma situación. Siento que ha pasado el tiempo. Mi pene se ha arrugado, mis huevos se han descolgado, mi pelo se ha vuelto blanco y mi barriga ha crecido. Hay un grupo de gente al borde del mar. No sé lo que puede ocurrir. Me acerco despacio. Curioso. Y lo que descubro no me lo puedo creer. Todos rodean el cuerpo de un rosáceo turista que ha sido parcialmente devorado. Todo está lleno de sangre y parte de su cuerpo está desmembrada. Han sido los peces, oigo decir. Malditos peces asesinos. Cuando los peces engordaron lo suficiente, y aquél pan no fue bastante para alimentarse, se volvieron carnívoros y empezaron a atacar a los humanos. Parece mentira que ese estúpido bañista no supiera que está prohibido bañarse en el mar desde hace más de veinte años. ¡Qué ignorancia!
martes, 3 de julio de 2007
PIE-CON-BOLA
Decía que no daba pie con bola. Que no había manera. Que aquello ya no era normal. También mascullaba entre dientes que estaba hasta ahí mismo. Y hasta un poco más lejos. Su perfil de cascarrabias iba incorporando nuevos elementos paulatinamente. Aquellas manías. Su insufrible carácter. Esa especie de enfado permanente con el mundo entero. La aleatoria mala leche. Agriábase a pasos agigantados y no parecía hacer nada por remediarlo. Todo eran pequeñas molestias que le impedían estar a gusto consigo mismo y con el resto del universo. Cuando no era uno, era otro. Cuando no una cosa, la otra. Cuando no esto, aquello.
Un día al abrir los ojos vio todo de una manera distinta. El mundo, es verdad, está incuestionablemente lleno de mierda. Pero tampoco hay que regodearse en ella. Habría que ir limpiando poco a poco algunos pequeños lugares donde sentirse lejos de la inmundicia. Donde poder establecer, razonablemente, espacios de libertad y sosiego. Lugares y no-lugares a los que poder acceder sin restricciones mentales, en los que pudiera dejar las armas cargadas sin sentirse desnudo. Donde poder hacer nudismo sin tener que llevar colgado el cinturón con el revolver. Donde los viejos cowboys pudieran descansar sin temer un tiro por la espalda. De todas maneras el cielo ya sabemos que no existe. Y si existiera, preferiría el infierno. Cuestión de principios.
Un día al abrir los ojos vio todo de una manera distinta. El mundo, es verdad, está incuestionablemente lleno de mierda. Pero tampoco hay que regodearse en ella. Habría que ir limpiando poco a poco algunos pequeños lugares donde sentirse lejos de la inmundicia. Donde poder establecer, razonablemente, espacios de libertad y sosiego. Lugares y no-lugares a los que poder acceder sin restricciones mentales, en los que pudiera dejar las armas cargadas sin sentirse desnudo. Donde poder hacer nudismo sin tener que llevar colgado el cinturón con el revolver. Donde los viejos cowboys pudieran descansar sin temer un tiro por la espalda. De todas maneras el cielo ya sabemos que no existe. Y si existiera, preferiría el infierno. Cuestión de principios.
martes, 12 de junio de 2007
MELIFLUO
Me gustan las palabrejas. Esas palabras raras, no desgastadas por el uso y el abuso. Las grandes palabras que expresan, o intentan expresar, todo lo mejor de la humanidad están totalmente huecas. Roídas. No significan nada. Han perdido todo su significado. Se han desgastado de tanto usarlas. De tanto usarlas en vano. De usarlas al tun-tun. De usarlas para engañar. Para justificar lo injustificable. Para rellenar discursos insustanciales y vacíos. De usarlas para mentir y engañar. De tantas frustraciones que produce su repetición mecánica.
Melifluo quiere decir excesivamente suave, dulce o delicado. Los excesos se pagan. Y por ello todo lo melifluo tiene un precio. Un precio considerable. Un valor añadido. Ya sea por empalagoso, aterciopelado o frágil. Necesita de poca cantidad porque la cualidad la tiene en exceso. Si a esto añadimos su escasez tenemos ya configurado el perfil ideal de lo más apreciado. De lo más deseado. De lo más anhelado. De aquello que, con una buena promoción, todo el mundo pierde la cabeza por alcanzar.
Todas esas palabras tan gastadas no son melifluas. Les falta el exceso. Expresan cosas inabarcables, por lo que casi han dejado de existir. Posiblemente cuando caigan en desuso puedan comenzar a significar algo. Algo pequeñito. Tan pequeñito que vuelvan a ser excesivas. Y así su misma escasez deje de convertirlas en insignificantes y las convierta en melifluas.
Melifluo quiere decir excesivamente suave, dulce o delicado. Los excesos se pagan. Y por ello todo lo melifluo tiene un precio. Un precio considerable. Un valor añadido. Ya sea por empalagoso, aterciopelado o frágil. Necesita de poca cantidad porque la cualidad la tiene en exceso. Si a esto añadimos su escasez tenemos ya configurado el perfil ideal de lo más apreciado. De lo más deseado. De lo más anhelado. De aquello que, con una buena promoción, todo el mundo pierde la cabeza por alcanzar.
Todas esas palabras tan gastadas no son melifluas. Les falta el exceso. Expresan cosas inabarcables, por lo que casi han dejado de existir. Posiblemente cuando caigan en desuso puedan comenzar a significar algo. Algo pequeñito. Tan pequeñito que vuelvan a ser excesivas. Y así su misma escasez deje de convertirlas en insignificantes y las convierta en melifluas.
jueves, 17 de mayo de 2007
EL PATITO DE GOMA
Que maravillosa sensación es tener un patito de goma en la bañera para chapotear y jugar con él. El mío era igual que todos los demás. Igual que esos miles que aparecieron un día en algunas playas. Dicen que provenían de un barco que se hundió, pero yo no creo que un barco con tantos patitos de goma a bordo pueda llegar a hundirse. Es imposible. Otros dicen que simplemente los perdió por el camino. Sin darse cuenta. Como si miles de patitos de goma pudieran caer al agua por casualidad y sin hacer ningún ruido.
Mi patito de goma flotaba en el agua sin ningún esfuerzo. Por eso era de goma. Si hubiera sido de otro material lo mismo no habría flotado de la misma manera. Aunque hay otros materiales susceptibles de flotar, la textura de la goma de estos patitos los hace especiales. Suaves y pulidos, parecen escapársete de las manos cuando intentas atraparlos en el medio jabonoso del baño. Son dóciles, pero independientes. Cariñosos y a la vez huidizos. Eso sí, unos más que otros.
Yo ya no tengo patito de goma. Se me escapó. Se me escapó de las manos. Huyó buscando su libertad sin pedirme permiso. Salió disparado por la ventana de mi cuarto de baño impulsado por el combustible de un gel superhidratante. Bajé corriendo a la calle a buscarlo seminidesnudo. Con la espuma todavía prendiendo de las intersecciones de mi cuerpo. Pero ya no pude encontrarlo. No dejó el mínimo rastro para que pudiera seguirle la pista. Desesperado tuve que abandonar su búsqueda ante la falta de indicios. Mucho he pensado en ello en estos últimos años y, al final, la única conclusión a la que he podido llegar es que se marchó para reunirse con sus congéneres en alguna playa olvidada. Ahora estoy seguro, estar encerrado en una casa de la gran ciudad no es el lugar adecuado para que viva un patito de goma.
Mi patito de goma flotaba en el agua sin ningún esfuerzo. Por eso era de goma. Si hubiera sido de otro material lo mismo no habría flotado de la misma manera. Aunque hay otros materiales susceptibles de flotar, la textura de la goma de estos patitos los hace especiales. Suaves y pulidos, parecen escapársete de las manos cuando intentas atraparlos en el medio jabonoso del baño. Son dóciles, pero independientes. Cariñosos y a la vez huidizos. Eso sí, unos más que otros.
Yo ya no tengo patito de goma. Se me escapó. Se me escapó de las manos. Huyó buscando su libertad sin pedirme permiso. Salió disparado por la ventana de mi cuarto de baño impulsado por el combustible de un gel superhidratante. Bajé corriendo a la calle a buscarlo seminidesnudo. Con la espuma todavía prendiendo de las intersecciones de mi cuerpo. Pero ya no pude encontrarlo. No dejó el mínimo rastro para que pudiera seguirle la pista. Desesperado tuve que abandonar su búsqueda ante la falta de indicios. Mucho he pensado en ello en estos últimos años y, al final, la única conclusión a la que he podido llegar es que se marchó para reunirse con sus congéneres en alguna playa olvidada. Ahora estoy seguro, estar encerrado en una casa de la gran ciudad no es el lugar adecuado para que viva un patito de goma.
miércoles, 16 de mayo de 2007
COLOR
El color es una impresión física. En nuestro idioma ya denota una cierta dependencia del rojo. Colorado es rojo o bermejo. Es el color que marca la diferencia con aquello que no lo tiene, con el blanco y el negro. El rojo es la pasión y la sangre. La calidez. La vida. Aunque también es lo diferente. De ahí algunos refranes que previenen contra los pelirrojos, que no son de fiar. Pero los colores son muchos más. Su percepción por la retina humana lo hace un campo universal, y para muchos prueba de la unidad psíquica de la humanidad. Otra cosa son sus asociaciones, denominaciones y usos. Usos, principalmente, simbólicos. Usos referenciales diversos para formas de ver el mundo diversas.
La diversidad de colores con que percibimos el mundo choca, muchas veces, con ciertas fuerzas que tienden a uniformarlo. A globalizarlo. Cargar de sentido los colores remite a la ortodoxia y a la imposición. Frente a esto, el colorido múltiple fue adoptado en occidente por la contracultura y por los hippies y, después, por ecologistas u homosexuales. El individualismo también se desentiende de un color concreto para proclamar su derecho a la diferencia, a no ser encasillado en ningún color. Frente a la dictadura del color, de un solo color, está la libertad de todos los colores.
El color marca diferencias, tendencias y perspectivas. Cada color puede servir para cualquier cosa. Pero no hay que olvidar que el color se halla siempre inscrito en un contexto. Un contexto de color. Descontextualizarlo y mezclarlo puede ser una buena opción. No tengo ninguna duda.
La diversidad de colores con que percibimos el mundo choca, muchas veces, con ciertas fuerzas que tienden a uniformarlo. A globalizarlo. Cargar de sentido los colores remite a la ortodoxia y a la imposición. Frente a esto, el colorido múltiple fue adoptado en occidente por la contracultura y por los hippies y, después, por ecologistas u homosexuales. El individualismo también se desentiende de un color concreto para proclamar su derecho a la diferencia, a no ser encasillado en ningún color. Frente a la dictadura del color, de un solo color, está la libertad de todos los colores.
El color marca diferencias, tendencias y perspectivas. Cada color puede servir para cualquier cosa. Pero no hay que olvidar que el color se halla siempre inscrito en un contexto. Un contexto de color. Descontextualizarlo y mezclarlo puede ser una buena opción. No tengo ninguna duda.
lunes, 30 de abril de 2007
TORPEZA
Los hay torpes, muy torpes y extremadamente torpes. Esta categorización de las habilidades personales o sociales es totalmente arbitraria. No se es totalmente torpe en todo, igual que es imposible ser totalmente hábil en todo. Es una cuestión de gradaciones, percepciones, interacciones, puntos de vista o, simplemente, estados de ánimo.
Torpeza según el diccionario de la RAE es la cualidad del torpe, es decir: 1. adj. Que se mueve con dificultad. 2. adj. desmañado. 3. adj. Rudo, tardo en comprender. 4. adj. Deshonesto, impúdico, lascivo. 5. adj. Ignominioso, indecoroso, infame. 6. adj. Feo, tosco, falto de ornato.
Aplicando esto a mi persona, salta a la vista que no me muevo con dificultad. Soy algo rudo, es verdad, pero creo que soy presto en comprender. Deshonesto decididamente no, impúdico y lascivo lo acepto de grado. Ignominioso, indecoroso o infame lo dejo para mis enemigos. Feo, no lo niego si alguien se empeña, tosco lo admito, y falto de ornato lo niego. Me queda desmañado, que es falto de maña, destreza o habilidad. Aquí puede que resida el asunto. En una falta, ausencia o carencia individual. De torpezas está el mundo lleno, aunque esto no sea disculpa de nada. Lo reconozco. Soy un desmañado.
Torpeza según el diccionario de la RAE es la cualidad del torpe, es decir: 1. adj. Que se mueve con dificultad. 2. adj. desmañado. 3. adj. Rudo, tardo en comprender. 4. adj. Deshonesto, impúdico, lascivo. 5. adj. Ignominioso, indecoroso, infame. 6. adj. Feo, tosco, falto de ornato.
Aplicando esto a mi persona, salta a la vista que no me muevo con dificultad. Soy algo rudo, es verdad, pero creo que soy presto en comprender. Deshonesto decididamente no, impúdico y lascivo lo acepto de grado. Ignominioso, indecoroso o infame lo dejo para mis enemigos. Feo, no lo niego si alguien se empeña, tosco lo admito, y falto de ornato lo niego. Me queda desmañado, que es falto de maña, destreza o habilidad. Aquí puede que resida el asunto. En una falta, ausencia o carencia individual. De torpezas está el mundo lleno, aunque esto no sea disculpa de nada. Lo reconozco. Soy un desmañado.
miércoles, 25 de abril de 2007
SINDROME DEL PIEL ROJA
Peter Pan se tragó un bote de pastillas porque no podía soportarse a sí mismo.
Campanilla se fue volando a buscar otro Peter Pan.
El capitán Garfio acabó como un vagabundo alcoholizado.
Pepito Grillo era un ímbecil.
Los padres dudan entre vivir la vida de sus hijos o enseñarles lo que es la vida.
Los niños anhelan hacerse mayores, a su manera.
El poeta murió soñando con vivir en su infancia.
La musa está harta de mirarse y no verse a sí misma.
El dictador hizo realidad los sueños de su infancia.
Las putas nunca fueron niñas.
Los homosexuales no sé si cambiarían su niñez.
El funcionario vive en una permanente guardería.
El policía no sabe porque siempre le toca vigilar.
Los políticos no pueden jugar a ser niños.
Los monstruos no querían asustar a los niños.
No todos los viejos piensan que cualquier tiempo pasado fue mejor.
Las estrellas del rock no pueden hacerse mayores.
Los locos se hacen los niños.
Los rojos ya no creen en utopías.
Los fachas no quieren saber lo que es la utopía.
Algunas mujeres ya no esperan al príncipe azul.
Los metro-sexuales no sé si existen.
Los altramuces viven en líquido amniótico.
El cordero lechal es devorado en su más tierna infancia.
Yo también quería ser un piel roja.
Campanilla se fue volando a buscar otro Peter Pan.
El capitán Garfio acabó como un vagabundo alcoholizado.
Pepito Grillo era un ímbecil.
Los padres dudan entre vivir la vida de sus hijos o enseñarles lo que es la vida.
Los niños anhelan hacerse mayores, a su manera.
El poeta murió soñando con vivir en su infancia.
La musa está harta de mirarse y no verse a sí misma.
El dictador hizo realidad los sueños de su infancia.
Las putas nunca fueron niñas.
Los homosexuales no sé si cambiarían su niñez.
El funcionario vive en una permanente guardería.
El policía no sabe porque siempre le toca vigilar.
Los políticos no pueden jugar a ser niños.
Los monstruos no querían asustar a los niños.
No todos los viejos piensan que cualquier tiempo pasado fue mejor.
Las estrellas del rock no pueden hacerse mayores.
Los locos se hacen los niños.
Los rojos ya no creen en utopías.
Los fachas no quieren saber lo que es la utopía.
Algunas mujeres ya no esperan al príncipe azul.
Los metro-sexuales no sé si existen.
Los altramuces viven en líquido amniótico.
El cordero lechal es devorado en su más tierna infancia.
Yo también quería ser un piel roja.
lunes, 23 de abril de 2007
TRAICIÓN
(ESCENA APÓCRIFA PARA LA OBRA HOMÓNIMA DE HAROLD PINTER)
2007. Venecia. Cae el sol de media tarde. Terraza de un restaurante en Torcello. Emma y Jerry tienen alrededor de 70 años.
EMMA. Han pasado treinta años.
JERRY. Treinta años.
EMMA. Desde la última vez.
JERRY. Desde la Última vez que nos vimos.
EMMA. No has cambiado.
JERRY. Ojalá. Tú tampoco.
EMMA. Adulador.
JERRY. A mis años.
EMMA. A tus años.
JERRY. Y los niños.
EMMA. ¿Niños?
JERRY. Tus hijos.
EMMA. Ya son demasiado mayores.
JERRY. ¿Tienes nietos?
EMMA. ¿Y tú?
JERRY. También.
EMMA. Como pasa el tiempo.
JERRY. Ni que lo digas.
EMMA. ¿Ya no bebes?
JERRY. Ya nada de nada.
EMMA. Normal.
JERRY. Normal. ¿Y tú?
EMMA. Yo ¿qué?
JERRY. Que cómo estás.
EMMA. Bien, bien. Tirando.
JERRY. Parece mentira.
EMMA. ¿Qué?
JERRY. Estar aquí. En Torcello. Contigo.
EMMA. Sí, parece mentira.
JERRY. En otro tiempo habría dado la vida…
EMMA. No hace falta que mientas.
JERRY. Lo digo en serio.
EMMA. ¿Y porqué no lo hiciste?
JERRY. Soy un cobarde.
EMMA. Todos somos cobardes.
JERRY. Para lo que queremos. Para engañar a Robert no fuimos cobardes.
EMMA. Engañar es fácil.
JERRY. Pobre Robert.
EMMA. Tu más antiguo y mejor amigo.
JERRY. Que en paz descanse.
EMMA. Como descansaremos todos.
JERRY. Yo nunca me lo perdoné.
EMMA. Yo nunca le perdonaré.
JERRY. Judith siempre decía que Robert era un culo de mal asiento.
EMMA. Pobre Judith. Tu mujer siempre fue una...
JERRY. Una mártir.
EMMA. Siempre lo supo.
JERRY. No. Eso no es verdad. Me aguantó toda la puñetera vida. Pero nunca desconfió de mí.
EMMA. Hay cosas que las mujeres siempre sabemos.
JERRY. Tú siempre supiste lo de Robert.
EMMA. ¿Qué iba con otras mujeres? Por supuesto.
JERRY. ¿Y?
EMMA. Por eso me separé.
JERRY. ¿Y Judith?
EMMA. Ella era una mujer más abnegada que yo.
JERRY. Que tú.
EMMA. Más abnegada.
JERRY. Torcello. Torcello.
EMMA. En la imaginación.
JERRY. Amén.
(A propósito de "Traición" de Harold Pinter, vista en la Sala Guindalera de Madrid)
2007. Venecia. Cae el sol de media tarde. Terraza de un restaurante en Torcello. Emma y Jerry tienen alrededor de 70 años.
EMMA. Han pasado treinta años.
JERRY. Treinta años.
EMMA. Desde la última vez.
JERRY. Desde la Última vez que nos vimos.
EMMA. No has cambiado.
JERRY. Ojalá. Tú tampoco.
EMMA. Adulador.
JERRY. A mis años.
EMMA. A tus años.
JERRY. Y los niños.
EMMA. ¿Niños?
JERRY. Tus hijos.
EMMA. Ya son demasiado mayores.
JERRY. ¿Tienes nietos?
EMMA. ¿Y tú?
JERRY. También.
EMMA. Como pasa el tiempo.
JERRY. Ni que lo digas.
EMMA. ¿Ya no bebes?
JERRY. Ya nada de nada.
EMMA. Normal.
JERRY. Normal. ¿Y tú?
EMMA. Yo ¿qué?
JERRY. Que cómo estás.
EMMA. Bien, bien. Tirando.
JERRY. Parece mentira.
EMMA. ¿Qué?
JERRY. Estar aquí. En Torcello. Contigo.
EMMA. Sí, parece mentira.
JERRY. En otro tiempo habría dado la vida…
EMMA. No hace falta que mientas.
JERRY. Lo digo en serio.
EMMA. ¿Y porqué no lo hiciste?
JERRY. Soy un cobarde.
EMMA. Todos somos cobardes.
JERRY. Para lo que queremos. Para engañar a Robert no fuimos cobardes.
EMMA. Engañar es fácil.
JERRY. Pobre Robert.
EMMA. Tu más antiguo y mejor amigo.
JERRY. Que en paz descanse.
EMMA. Como descansaremos todos.
JERRY. Yo nunca me lo perdoné.
EMMA. Yo nunca le perdonaré.
JERRY. Judith siempre decía que Robert era un culo de mal asiento.
EMMA. Pobre Judith. Tu mujer siempre fue una...
JERRY. Una mártir.
EMMA. Siempre lo supo.
JERRY. No. Eso no es verdad. Me aguantó toda la puñetera vida. Pero nunca desconfió de mí.
EMMA. Hay cosas que las mujeres siempre sabemos.
JERRY. Tú siempre supiste lo de Robert.
EMMA. ¿Qué iba con otras mujeres? Por supuesto.
JERRY. ¿Y?
EMMA. Por eso me separé.
JERRY. ¿Y Judith?
EMMA. Ella era una mujer más abnegada que yo.
JERRY. Que tú.
EMMA. Más abnegada.
JERRY. Torcello. Torcello.
EMMA. En la imaginación.
JERRY. Amén.
(A propósito de "Traición" de Harold Pinter, vista en la Sala Guindalera de Madrid)
martes, 17 de abril de 2007
CHISMORREO
Por ahí se dicen muchas cosas. Se oye de todo. Verdades, mentiras, exageraciones, ridiculizaciones, deformaciones, transgresiones, loas, y hasta denigraciones. El chismorreo es tan antiguo como la humanidad. De hecho, su necesidad puede haber sido una de las inductoras en el nacimiento del lenguaje hablado (y escrito). En la actualidad parece que no cuenta con muy buena prensa en los medios serios o intelectuales, mientras que los “mass media” han hecho del cotilleo el estandarte de la cultura popular.
Probablemente el hecho de saber de los demás, es en sí mismo parte de la sociabilidad del ser humano. El problema puede venir del lugar en el que radica la información que deseamos obtener. La división entre lo público y lo privado ha decaído en occidente en una vaga zona caracterizada por la relatividad social que está instalando la globalización. Valores y símbolos se cocinan al gusto en la única perspectiva de la obtención del rápido beneficio. El objeto mismo del chismorreo, el ser humano, ya no es tal. Es un producto liofilizado y pasteurizado creado ex profeso para alimentar y saciar la voracidad de consumidores insaciables.
Pero este alejamiento del objeto (sujeto) a escrutar no ha eliminado a los sujetos reales que nos rodean. Siguen estando ahí. Es posible que la permisividad social haya desplazado el foco de atención al relajarse los lazos internos de solidaridad. El individualismo, paradójicamente, hace menos atractivos a los otros individuos ante la preponderancia del yo. Nuestros vecinos, parientes y amigos siguen siendo objeto del cotilleo, pero nuestra superioridad, en todos los ámbitos, difumina su impacto. Solo las proyecciones sociales espectaculares acaparan masivamente la atención, y se verifican como meros pasatiempos.
Personalmente me interesa la vida de los otros, por supuesto unas mucho más que otras, en tanto en cuanto son parte del mundo que me rodea. No es un cotilleo o un chismorreo moralizante, como suele serlo usualmente, sino informante en el sentido de que aporta un valioso conocimiento de mis congéneres. Yo me confieso “cotilla” y no me importa reconocerlo. Usted haga lo que le venga en gana, pero hágalo siempre con buen humor.
Probablemente el hecho de saber de los demás, es en sí mismo parte de la sociabilidad del ser humano. El problema puede venir del lugar en el que radica la información que deseamos obtener. La división entre lo público y lo privado ha decaído en occidente en una vaga zona caracterizada por la relatividad social que está instalando la globalización. Valores y símbolos se cocinan al gusto en la única perspectiva de la obtención del rápido beneficio. El objeto mismo del chismorreo, el ser humano, ya no es tal. Es un producto liofilizado y pasteurizado creado ex profeso para alimentar y saciar la voracidad de consumidores insaciables.
Pero este alejamiento del objeto (sujeto) a escrutar no ha eliminado a los sujetos reales que nos rodean. Siguen estando ahí. Es posible que la permisividad social haya desplazado el foco de atención al relajarse los lazos internos de solidaridad. El individualismo, paradójicamente, hace menos atractivos a los otros individuos ante la preponderancia del yo. Nuestros vecinos, parientes y amigos siguen siendo objeto del cotilleo, pero nuestra superioridad, en todos los ámbitos, difumina su impacto. Solo las proyecciones sociales espectaculares acaparan masivamente la atención, y se verifican como meros pasatiempos.
Personalmente me interesa la vida de los otros, por supuesto unas mucho más que otras, en tanto en cuanto son parte del mundo que me rodea. No es un cotilleo o un chismorreo moralizante, como suele serlo usualmente, sino informante en el sentido de que aporta un valioso conocimiento de mis congéneres. Yo me confieso “cotilla” y no me importa reconocerlo. Usted haga lo que le venga en gana, pero hágalo siempre con buen humor.
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